Metanoética

Posición práctica para la transformación

Nihilismo vs vacuidad

El punto de vista de la vacuidad

En vez de la 《lógica de locus》 de Nishida y 《la lógica de lo específico》 de Tanabe, Nishitani elaboró lo que él llamó 《el punto de vista de la vacuidad》. Él no veía esta postura como un mero punto de vista que uno pueda asumir objetivamente y sin esfuerzo, sino como el logro de un disciplinado e impávido encuentro con al duda. La larga lucha con el nihilismo que ya había quedado atrás no fue un mero trabajo académico. En su juventud, a la edad de apenas veinte años, Nishitani había caído en una desesperación profunda en la cual 《la decisión de estudiar filosofía fue, por melodramático que suene, cosa de vida o muerte para mí》. No sorprende que esto llegara a ser el punto de partida para su descripción de la búsqueda religiosa:《Advertimos la religión como necesidad o como algo imprescindible para la vida sólo en los momentos en los que todo pierde su necesidad y utilidad》.

Para Nishitani el aspecto perverso, sin sentido y trágico de la vida es un hecho innegable. Pero es más que un simple hecho: es la semilla de la conciencia religiosa. La pregunta sobre el significado de la vida surge inicialmente no por estar sentado pensando con calma sino por estar en medio de acontecimientos fuera de su propio control.

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Normalmente, nosotros nos enfrentamos a estas dudas retirándonos a una de esas consolaciones disponibles – racional, religiosa, o lo que sea – con que toda sociedad provee a sus miembros para proteger la cordura colectiva. Para Nishitani el primer paso a la duda radical es permitir que uno mismo esté tan lleno de ansiedad que aun la frustración más simple y más privada pueda revelársele como síntoma de la carencia radical de sentido que aflige a toda la existencia humana. Luego, uno se entera que este sentido de algo 《último》 sigue estando centrado en lo humano y por lo tanto queda incompleto. Entonces uno se entrega a sí mismo enteramente a la duda, así que la tragedia de la existencia humana se muestra como síntoma de la tragedia total del mundo del ser y del devenir. En este punto, dice Nishitani, es como si una sima inmensa se hubiera abierto bajo los pies, en medio de la vida ordinaria – a saber, un 《abismo de nihilidad》.

Filosofías enteras han sido construidas sobre la base de esta nihilidad, y Nishitani se lanzó con toda su alma al estudio de ellas, no con la meta de rebatirlas sino para encontrar la llave de lo que él llamó la 《autosuperación del nihilismo》. Llegó a comprender que debe ser permitido aumentar en la persona la conciencia de la nihilidad hasta que toda la vida se convierta en una gran signo de interrogación.

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Sólo con tal acto supremo, el de negar el significado de la existencia tan radicalmente y hasta el punto de que uno llegue a ser la negación misma y esté consumido por ella, puede tener lugar la posibilidad de su separación definitiva. La liberación de la duda que simplemente transporta a uno fuera del abismo de la nihilidad y lo devuelve a una Weltanschauung donde las cosas de la vida recuperan su sentido, no merece el nombre de liberación, protesta Nisitani. La nihilidad misma, en la plenitud de su negación, tiene que ser confrontada cara a cara si uno pretende hacerla esclarecer como algo relativo a la conciencia y experiencia humanas. Con esta afirmación de la realidad revela su secreto de una vacuidad absoluta que restituye el mundo del ser. En el idioma filosófico de Nishitani, 《la vacuidad puede ser denominada el campo del “hacer ser” (Ichtung) en contraposición a la nihilidad, que es el campo de la “anulación” (Nichtung)》.

En otras palabras, para Nishitani la religión no es tanto una búsqueda del absoluto como un despertar a la propia existencia humana, es decir, una aceptación de la vacuidad que abraza este mundo en su totalidad de ser y devenir. En esa aceptación – que representa una 《apropiación encarnada》 – la mente se ilumina tan brillantemente como le es posible. La realidad que vive y muere en todas las cosas que llegan a ser y dejan de ser en el mundo está 《realizada》 en el sentido total del término: uno participa en la realidad y por lo tanto sabe que uno es real. Éste es el punto de vista de la vacuidad.

Como la vacuidad es considerada un 《punto de vista》, no se trata de un terminus ad quem sino de un terminus a quo, es decir, la inauguración de un nuevo modo de mirar las cosas de la vida, un nuevo método para valorar el mundo y reconstruirlo. Para Nishitani la vida en su totalidad vuelve a ser un tipo de 《doble exposición》 en la cual uno puede ver las cosas tal como son y a la vez verlas transparentemente hasta su relatividad y transitoriedad. Lejos de embotar el propio sentido crítico, lo refuerza. Para regresar al caso de la ciencia, desde el punto de vista de la vacuidad el encaprichamiento moderno con los hechos y las explicaciones se manifiesta por lo que es: una santificación del yo imperial que voluntariamente sacrifica la realidad inmediata del yo verdadero a la ilusión de un conocimiento y control perfectos. La personificación o humanización del absoluto, como cualquier intento de refrenarlo dogmáticamente aun con el aparato más adelantado y las teorías más fidedignas, es a lo sumo una cura provisional del peligro perpetuo de estar abrumado por la nihilidad. Sólo una mística de lo cotidiano, sólo un morir-en-el vivir y vivir-en-el morir puede conducir nuestra conciencia a reconocer la verdadera vacuidad de lo absolutamente real.

En general, hay que reconocer que Nishitani favoreció el término 《vacuidad》 (sáns., sunyata) más que la 《la nada absoluta》 de Nishida y Tanabe. Eso se debe en parte al hecho de que su correspondiente carácter chino, el que se usa normalmente para 《el cielo》, le parece capturar la ambigüedad de una vacuidad-en-la plenitud que él pretende. En este acto de ver que es al mismo tiempo un hacer transparentar, uno se ha rescatado del egoísmo centrípeto de sí mismo y entregado al éxtasis de un 《yo que no es un yo》. A quí tenemos lo que Nishitani considera la esencia de la conversión religiosa.

Nishitani siempre insistió en que, en principio, la conversión conlleva un compromiso con la historia. Aunque valorizó, repitiéndolo a menudo, la correlación zen entre la 《gran duda》 y la 《gran compasión》 (los caracteres chinos para ambos términos tienen la misma pronunciación en japonés, daihi), sus escritos posteriores contienen numerosas censuras del budismo por su 《rechazo despegado del mundo y de entrar en los asuntos de la sociedad humana》, por su 《falta de ética y de conciencia histórica》, y por su 《fracaso en no confrotar la ciencia y la tecnología》.

Sin embargo, en sus principales discusiones filosóficas sobre la historia, Nishitani tiende a criticar las perspectivas cristianas de la historia, desde la perspectiva de la vacuidad inspirada por el budismo, sin tomar en cuenta la mayor sensibilidad del cristianismo por los problemas de la moral actual. Según él la vacuidad o la nada no pueden llegar a ser plenas al doblar el tiempo periódicamente en sí mismo, como las estaciones que se repiten año tras año, o al ofrecer un principio evolucionista que apunta a un fin del tiempo en la cual todas las frustraciones de la nihilidad serán trastocadas, como se ve en el caso de la escatología cristiana. Nishitani concibió la liberación del tiempo como un tipo de tangente que toca el círculo de tiempo repetitivo en su circunferencia más exterior o que corta la línea recta de us progreso hacia adelante.

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Como Nishida, prefirió la imagen de un 《ahora eterno》 que atraviesa ambos mitos del tiempo para llegar al no-tiempo del momento del despertarse. Lo que el teísmo cristiano, especialmente en su imagen personalizada de Dios, gana por un lado en su capacidad de juzgar la historia, por otro lado muchas veces lo pierde por su fracaso en entender la omnipresencia del absoluto en todas las cosas justo como son. Para Nishitani la postura de la vacuidad perfecciona la dimensión personal de la vida humana al añadir la dimensión de un amor impersonal y sin diferenciación. Él ve este amor en lo que la cristiandad reverencia en un Dios que hace que el sol ilumine igual al justo y al injusto, y que se vacía kenóticamente en Cristo. Lejos de negar la conexión de lo absoluto con lo personal, es el énfasis en lo impersonal lo que le permite pronunciar en sus últimos escritos: 《Lo personal es la forma básica de existencia》.

James W. Heisig en la Introducción al libro  La religión y la nada de Nishitani, Keiji

 

 

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